domingo, 9 de octubre de 2011

La niña sin deseos.

-¡La tarta! ¡Ya está aquí la tarta!
Un niño, tan inquieto como los demás, se levantó de la mesa en la que todos permanecían sentados y señaló a uno de los adultos que sostenía una rectangular y apetitosa tarta de chocolate. Pero Lucía no sentía interés en el chocolate o en las gominolas. Incluso se había olvidado de los regalos. Ella solo tenía ojos para lo que había sobre la tarta. Un ocho de cera. Un ocho de color azul, como a ella le gustaba. Y sobre aquel ocho, lo más importante; una llama
Una ligera y débil llama.
Cogió aire. Esta vez . Esta vez lo conseguiría. Había estado practicándolo. Una dos y tres, soplar con fuerza, pero con cuidado, sin escupir, no quería empezar sus ocho años con algún mote parecido a babosa, a ella eso no le gustaba. Los niños comenzaron a cantar. Lucia mantenía la boca cerrada, los pómulos hinchados, para no dejar salir el aire. Ya tenía el deseo, lo había pensado bien. Lo conseguiría, era el ocho, su número favorito, y si le dabas la vuelta a aquel número era exactamente igual que las gafas de su madre. Lo cual le transmitía cierta seguridad. No podía fallar.
Esperó con ansiedad a que los niños terminasen la canción. Solo faltaba el último cumpleaños feliz.
Se acabó. Todos comenzaron a aplaudir.
Llegó su momento. Comenzó a soplar. Y se quedo sin aire. La llama no se había inmutado. Volvió a aspirar aire, a agrandar los pómulos. Esta vez lo expulso con más fuerza. Pero la burlona llama permanecía encendida, y apenas consiguió moverla. Un año más, se estaba riendo de ella. Cogió aire por tercera vez. Su pálida cara se fue transformando en roja.  Pero no le dio tiempo a expulsar la última bocanada de aire. Un goloso niño se le adelanto, impaciente y hambriento.
Regresaron los aplausos.
Y a Lucia, otro año más, le arrebataron el deseo.
Ahora, la pobre niña miraba a el ladrón. Y entonces un incomodo nudo de garganta.“No, no ¡no!, las niñas de ocho años ya no lloran” Se dijo a ella misma. Se tragó las lágrimas. Y se dirigió a abrir los regalos. Aunque no pensaba agradecerle nada a aquel ladón de deseos, ni aunque su regalo se tratase de un gato, su animal favorito. Ni aunque se tratase de un gato azul.

3 comentarios:

ChicaGuau dijo...

¡Qué bonita entrada! Te sigo sin dudarlo :)

¡Un besito! ^

(N)evermore dijo...

Yo aún hoy me sigo quedando sin mi deseo de cumpleaños...

Me ha encantado este relato :3

A dijo...

Solo puedo decir que me encanta ^^